Renacer
Cuando mi familia se redujo en uno, creció en cientos. La muerte de Carlos me cambio de maneras que ni siquiera imagino. Reconozco que he entrenado a mis hijos para cambiar el mundo, cada uno por su lado, en Carlos alimente su gusto por la mitología y el mundo metafísico de símbolos, fomenté su espíritu científico y fui un observador respetuoso de su curiosidad por la magia. Lo entrenamos en talleres de participación ciudadana y aplicando encuestas desde los diez años. Nunca se olvidaba de darme su reporte urbano cuando venía a verme, y cuando vivía en CDMX, era mi oreja y ojos, en marchas y mítines, tomaba notas y me hacia reportes. En él deposite el encargo generacional de cambiar el mundo, yo me sacudí la responsabilidad del cambio, porque no se pudo, mi generación no dio el ancho, pero lo crie para pasarle la estafeta, que me pasaron mis padres y viene de mis abuelos: "cambia el mundo". Su cuerpo blanco y frio, borro todo futuro, su ausencia llenó todos los huecos y reven...